Siguiente paso, ¿la frustración?
Dicen que fueron decenas de miles. Yo vi cientos de miles. La marcha blanca convocada por iluminemos México, más allá de una manifestación orientada a exigir a las autoridades mayor seguridad y eliminar la corrupción e impunidad -origen de la indómita ola de crimen que vivimos a diario en todo el país-, fue una especie de reunión en la que cientos de miles de ciudadanos hicimos patente nuestra decesperación e impotencia.
Todos -hombres, mujeres, niños, pobres, ricos-, absolutamente todos vibramos al gritar ¡México, México, México! ó ¡Sí se puede! Pero en fondo, todos, absolutamente todos, excepto los niños quizá, sabemos que la colusión que existe entre funcionarios y delincuentes raya en lo obsceno. En lo descarado.
Ministerios públicos que dolosamente integran mal las averiguaciones previas. Magistrados que liberan secuestradores. Directores de penales que venden libertad a los reclusos. Funcionarios públicos de alto pelo que decomisan toneladas de droga o millones de dólares -y que no dicen que ese “golpe” es una dádiva que los criminales aportan para el funcionario salga en la foto como el héroe que México esperaba a cambio de dejarles lucrar con la mayor parte del botín.
En plena marcha, unos secuestradores cobraron el rescate de un adolescente de 12 años. Un ratero se robó un coche. Atraparon a un carterista. Todo con un cerco policiaco establecido -y mediáticamente presumido por Marcelo Ebrard- ¿No es eso una burla? ¿No es una muestra que en el fondo y más allá de la retórica política, tanto funcionarios como delincuentes -perdón por el pleonasmo- se mofan de esta muestra de desesperación ciudadana?
Ojalá me equivoque -de verdad que ruego porque así sea- pero mi conclusión es que el siguiente paso es el darnos cuenta que la marcha sólo sirvió para desahogar nuestra rabia, nuestro miedo, nuestro hartazgo contra corruptos, asesinos y delincuentes. Para dejar constancia que la mayoría, al contrario de la minoría que hacen marchas para tirar iniciativas de reformas constitucionales, no tenemos la capacidad de presionar a las autoridades para obtener resultados.
Otra conclusión es que como en todo escenario de guerra, el otro bando -el agraviado, el azotado por la delincuencia, el bueno- se va a armar para buscará hacer valer su mayoría linchando a cuanto criminal opere y sea pillado infraganti. Pobre México. Malditos corruptos.